¿Cómo afrontas y respondes a las distintas situaciones que te suceden?

Afrontar y responder es lo opuesto a culpar y quejarse. Afrontar es querer darle un giro a los acontecimientos que te han ocurrido. Cuando uno elige la actitud de afrontar lo hace porque sabe que la negación de los hechos no cambia nada y solo trae malas consecuencias.

La negación te paraliza, te bloquea, te envuelve en el miedo, esconde la belleza o el aprendizaje oculto que trae consigo esa situación que se ha presentado en tu puerta. La negación te ancla en el sufrimiento haciendo que eches los amarres en su puerto. Cuando niegas algo, te resistes, te somete y no lo transformas.

Para poder transformar algo, el primer paso es aceptar lo que es, lo que ha ocurrido, lo que, quizás no puedes cambiarlo, pero si puedes afrontarlo con los recursos que tienes y  que ya utilizaste alguna vez. Lo siguiente será preguntarte ¿Cómo puedes responder a ello? ¿Desde dónde quiero responder? ¿Desde el lamento y la queja?

¿Desde el “por qué me pasa esto a mi”? ¿Y qué es responder?

Responder es coger las riendas de tu vida, tú y solo tú, sin depender de nada ni nadie, y desde esa valentía, coraje y capacidad que llevas dentro, decidir darle un giro a los acontecimientos. La gente, las circunstancias,… lo que sea, pueden hacerte daño, y eso a veces no es posible evitarlo. Pero lo que nunca podrá hacer nada ni nadie es cortar tu libertad de elegir como respondes a esas circunstancias desde tu interior.

Una persona muy sabia que sobrevivió a los campos de concentración nací, Viktor Frankl, dijo una vez: “Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”. Así que lo importante no es lo que te sucede, sino como tú eliges responder a ello.

Por otra parte y en el lado opuesto a las palabras afrontar y responder, nos encontramos con las palabras limitantes la Culpa y la Queja.

¿Te has parado alguna vez a pensar u observar con qué frecuencia te quejas?

Cuándo culpas a alguien o te culpas de algo, ¿Qué te aporta? ¿Cuáles son las consecuencias?

Culpar a alguien o algo, supone la excusa perfecta para evitar mirarse a uno mismo. Culpar es dejar ir una gran oportunidad que la vida me ha puesto en mi camino para ver que tengo yo qué aprender de esa situación o qué me toca trabajarme. Cuando hago esto, cuando echo balones fuera, la vida como ve que no me estoy enterando de que va la cosa, vuelve a ponerme una situación muy parecida en mi camino, para ver si esta vez, desde mi responsabilidad, decido mirar más allá para ver que hay tras esa situación y para encontrar el para qué me ha sucedido.

Con respecto al sentimiento de sentirme culpable por algo, la actitud que yo elijo hacia ese sentimiento negativo es preguntarme; ¿Para qué quiero sentirme culpable? ¿Qué me aporta? ¿Qué aprendo cuando me siento culpable?

No hay nada positivo contenido en esta palabra. Cuando nos sentimos culpables, revivimos los hechos una y otra vez sintiendo la emoción de nuevo y dando vueltas alrededor de un circulo cuya finalidad es entristecer mi mis días, limitarme a ese hecho e impedirme ver la verdad que hay más allá de ello. Nada bueno encuentro en la culpa. Lo único que aporta es agotar mis fuerzas, consumir mi energía, aplastar mi autoestima y convertirme en una víctima de algo que hice creyendo que era lo mejor y desconociendo el resultado. La culpa es una cadena que te ata al pasado, córtala ya!

Me gustaría comentar que a mí esta palabra hace mucho tiempo que la elimine de mi vocabulario ya que nunca me aportó nada positivo, ni me ha permitido avanzar, ni aprender, ni pude cambiar nada. Ahora prefiero utilizar otra palabra que si suma, que si aporta un sentido, un valor y que por supuesto hace salir fortalecido de esa experiencia. La palabra es Responsabilidad. Esta mágica palabra cuyo significado es “la habilidad con la que respondo a una situación dada”, me hace ser consciente de que todo depende de  mí, de lo que yo quiera y crea. Me hace ver que es posible tener el control de mi vida bajo mi responsabilidad siempre. Esta palabra me hace comprender que nadie es responsable de mis palabras, acciones, de mis ideas, de mis errores, de mis necesidades…Es un asunto que me toca atender a mí y solamente yo debo comprometerme con ello.

Y por último la palabra Queja. ¿Qué es la queja? Es una actitud permanente e insistente de ponerle un “pero” a las cosas que suceden en mi vida. Es la sensación de que me falta algo o que algo no está bien, todo el tiempo. Es un inconformismo tóxico y destructivo para mí y para los que me rodean. No creo que a ninguno de vosotros os apetezca pasar tiempo con personas que se quejan. Pues bien, eso mismo hacemos nosotros y no nos damos cuenta o si, pero en mucho de los casos no hacemos por observarlo y cámbialo. ¿Qué por qué? Porque nos aporta un beneficio aparente, y digo aparente, porque no es nada real y si algo enmascarado.

Enmascara la intención de llamar la atención y recibir algo que no se sabe muy bien si es apoyo, cariño o sentirme importante, ya que ninguna de estas palabras positivas encaja en un contexto tan negativo como es la queja. Entonces..¿Para qué nos quejamos? Cambiamos algo, se transforma en positivo por el simple hecho de quejarme, los demás se sienten más cómodos con nosotros, nos da energía?

Me gustaría concluir con una reflexión; siempre se te está dando la posibilidad de elegir; elegir tu actitud y tu forma de estar en la vida. Lo que te sucede NO es con los demás, es contigo mismo. Coge las riendas y responsabilízate de darle un giro a todo lo que no te gusta para transformarlo en tu mayor fortaleza!