Estamos instalados en una sociedad y una manera de pensar y vivir la vida en la que, prácticamente todo lo que hacemos está diseñado, pensado e intencionado para «gustar», pero como casi todo el mundo lo hace, lo vemos normal y de ahí no salimos.

Nos comportamos de manera en la que pensamos más lo que los demás van a pensar de mí que mi propio autoconcepto. Hacemos y decimos cosas dirigidas y enfocadas hacia “el escaparate externo” para que la gente tenga un buen concepto de lo que soy o me gustaría ser, sin darnos cuenta de que hemos caído en una enorme trampa mental, «la búsqueda incesante de la aprobación». Y aquí entra en escena uno de los grandes enemigos de nuestra autoestima: el deseo de ser especial: “Ni si quiera me ha mirado”, “No le gusto”, “No soy especial para él/ella”.

Uno de los más influyentes componentes en relación a esto es nuestro cuerpo. Es demencial todo lo que hacemos con nuestro cuerpo para que los demás se fijen en nosotros, para ser populares, para que hablen de nosotros, para que «gustemos». ¿Os habéis fijado en que sucede cuando nos machacamos físicamente y no llamamos la atención? No llamar la atención o no destacar nos influye destructivamente, apoyado en la falsa creencia de que no somos lo suficiente, de que cuando alcancemos la imagen que nuestra mente ha proyectado nos sentiremos visibles, aprobados, importantes.

Para ello, el medio que utilizamos, por supuesto son las redes sociales, añadiendo fotos y por supuesto publicándolas. ¿Qué sucede cuando publicamos una foto en la que creemos estar guapísimos y los resultados no son lo que esperábamos? Pues que hay una parte de mi autoimagen que se ve afectada influyendo negativamente en mi autoestima. ¿Y si sucede lo contrario? Pues que generamos una falsa autoestima en la que nos sentimos poderosos, gustados y “felices”.
Un detalle importante a tener en cuenta; Cuando subimos una foto ¿Cuántas veces al día miramos los “likes” o comentarios? Según un estudio, pasamos una media de 4 horas mirando el móvil, es decir, pasamos todo ese tiempo perdiendo energía, juzgando/nos y viviendo en una realidad virtual, que no tiene nada que ver con la Real.

Muchas de las personas con las que he hablado de este tema me dicen que ellos no lo hacen por eso, sino porque les gusta verse bien y que sus contactos “sepan de su vida”. Y yo pregunto. ¿Si te ves bien, para que necesitas que el mundo entero te lo confirme y te dé su aprobación? ¿Son necesarias tantas fotos para ello?¿Debe todo el mundo saber lo que haces en cada momento?
No eres la opinión de alguien que no te conoce, eres tu propia opinión, y si ésta se encuentra dañada y desaprobada por cómo te ves o como te hablas…nada de lo que los demás te digan u opinen va a ser nunca suficiente, ya que es un deseo insaciable; un engaño de la mente. Toda muestra de afecto no deducida y concluida por nosotros mismos, no es válida para nuestro inconsciente y, por lo tanto, no nos sirve para nada. Una persona no puede sentirse cómoda sin aceptarse a sí misma.

Todo este teatro, bajo mi humilde opinión, es cuestionable. Ya que también he visto a personas que se aceptan completamente y se gustan tal y como son y no están pendientes de lo que los demás digan u opinen de ellos mismos con una foto en una red social o con un comportamiento en el que su intención oculta sea la de llamar la atención.

Lo peor de todo esto es que nos hemos convertido en carne de cañón ofreciendo públicamente nuestro cuerpo, nuestra imagen, nuestra intimidad y nuestra mejor «falsa sonrisa» para que recibamos aquello que nos va a hacer sentirnos bien.

Un dato para mi importante y revelador: En las muchas conversaciones que he tenido a nivel personal y profesional he observado que estas personas que están dotadas de “belleza perfecta o cuerpo perfecto” según los cánones que nos marcan los que nos manipulan , siguen sin sentirse bien con ellos mismos, siguen juzgándose, siguen poniéndose “peros”, siguen buscando la manera de ser pivones en función de cómo les ven, siguen mirándose a un espejo sin realmente verse tal y como son, evitándose así su propia mirada, siguen necesitando cada vez ligar más y más y tener la aplicación de WhatsApp llena de notificaciones para demostrarse cuanto de seguridad hay en ellos por ser una imagen demandada.

Yo a todo esto yo le llamo «falsa seguridad». ¿Qué por qué? Porque si fuese verdadera, no se desmoronaría en el momento que nuestro cuerpo engorda o ya no está como antes, en el momento en el que llega a nuestra vida una persona y hace con nosotros lo que quiere, en el momento en el que conocemos a alguien y estamos más pendientes de agradarle y de que nos quiera, haciendo todos los esfuerzos posibles con todas las máscaras habidas y por haber, y entrando en miedo constate por si perdemos aquello que nos hace felices y da un sentido a nuestra vida.

La verdadera seguridad excluye todo esto, y lo hace porque cuando eres capaz de encontrar todo esto que buscas y anhelas dentro de ti, ya no pones el propósito de tu imagen fuera de ti, sino que te sientes bien, tal y como eres, te cuidas física y fisiológicamente por y para ti, te aceptas con lo que te gusta y lo que no te gusta de tu físico y personalidad, te perdonas cuando te equivocas y cometes fallos, deja de influirte notoriamente la opinión de los demás, dejas de tener la necesidad de que te miren…etc.

Por último me gustaría dejar bien claro que no hay nada de malo en hacerse una foto y subirla a un perfil público porque simplemente nos apetece o queremos que nos vean bien (si es que esa foto corresponde realmente con la realidad de esa cara o sonrisa que mostramos) pero también es lógico para tener esa foto guardada en mi perfil y poder así recopilar un álbum de fotos de todos mis momentos durante todos estos años. Eso está genial y yo personalmente lo hago también. Pero el motivo de este blog no es ese. La motivación que me ha llevado a escribirlo es hacerte llegar, a ti lector, dos simples y poderosas preguntas; ¿Desde dónde lo hago? ¿Para qué lo hago? Si la respuesta es honesta, hay algo que cambiará en ti tras leer esta reflexión.

Te comparto esta reflexión que mí en su día me ayudado a abrir los ojos y descubrir la verdadera belleza que anidaba en mí:
Una persona que se acepta no le preocupa que la acepten. Hay algo poderoso que ocurre cuando eres capaz de mirarte a los ojos y puedes aceptarte a ti mismo.

“En ti hay toda la belleza que te permitas ver. Tú ya eres lo que estás buscando”

“Cuando te da igual como te vean, es cuando realmente te ven, cuando dejas de gustar, encuentras lo que ERES”.

Javier Ariza